
De manera inconciente comencé con un recopilatorio con mi post anterior, y es innegable no subirse al tren de remembranzas y recolecciones que se hacen, no solo por ser el fin de un año, sino por ser el fin de una década, otra triste reagrupación de 10 años, sin embargo para mí como para la generación a la que pertenezco significa la década donde comenzamos a forjar nuestra propia identidad y en la que la transición de niños a adultos sucedió. Ahora bien, mencionaba en el post anterior que el post-rock se ha convertido en un género que en muy poco tiempo me ha cautivado por su belleza, si bien la música es el segundo elemento que hace de mi vida algo interesante, culminare de esta manera con el género que desde hace ya 7 años me ha atrapado, que modifico mi forma de ver y manejar mi vida y que sencillamente me ha ayudado en cada momento de la misma: El Metal.
Ya había mencionado que le entre de lleno al mundo de la música con Linkin Park y sus subsecuentes bandas hermanas (ej: Papa Roach, Slipknot, etc.), que mis inicios en el mundo del rock pesado puedan ser calificados como los de un “poser” es algo que me viene valiendo madres, uno no nace con el Metal bajo el brazo muchachos, en fin, corría el año del 2002 y al ver el video de “Faint” en televisión, me dejo apendejado, “¿Qué carajos es esto?” Me pregunte, esos “guitarrazos” y esos “gritos” jamás los había escuchado, mi única cultura musical previa eran un par de discos de Depeche Mode heredados de mi tío y un disco de antología de los Beatles de mi querida madre, sin embargo no estaba preparado para lo que en ese entonces consideraba algo de violencia sónica, al día siguiente tenía en mis manos “Meteora”, disco que no salio de mi reproductor de CD’s por mínimo 3 meses.
Pocos días después en la escuela, había hecho buenas migas con “El Feo” uno de esos chicos poco sociales y con tendencias hacia repetir lo que veía en “jackass”, le hable un poco de mi devoción por Linkin Park y el me comenzó a hablar de algo que decía “metal” y “hardcore”, términos nuevos en mi léxico musical, acto seguido me paso un CD-R y solo me dijo: “ahí nomas pa’que te des un quemón de lo que no sabes, la última rola es de Sepultura”. Seré sincero ese disco paso sin pena ni gloria por mi cabeza, haciendo remembranza creo que había por ahí rolas de los Ramones y los Dead Kennedys, pero yo en mi pendejo plan de sentirme el “pesado” lo desdeñe, y así llegue a la última canción, que se me ha quedado grabado en la cabeza: “Troops of doom” de los únicos Sepultura, cuando escuche su intro lento y oscuro me saque mucho de pedo, pero no fue hasta que el mítico Max Cavalera hace su ya legendaria cuenta: “Um, dos, tres, cuatro!” que es donde se desata la bestialidad y salvajada de estos brasileños que dije: “Ah no mames, ¿qué chingados es esto?”, de verdad que me voló los sesos cuando escuche ese nivel de violencia en mis oídos, el destino estaba sellado, era ESA clase de música violenta la que quería escuchar.
A partir de ahí comencé a buscar más y más de esta bestia llamada “Metal”, gracias a que mi tío en sus constantes viajes al chopo me llevaba pude conocer y comprar nuevos discos, por ahí esta un recopilatorio de Anthrax que me costo semanas conseguir y que me abrió el panorama hacía un Metal igual de voraz que Sepultura pero un poco más limpio, también esta el “Ride the Lightning” de los imponentes que me dejo hipnotizado, no por nada esa banda tiene un sitial labrado en acero y sangre entre los dioses del Metal, la guitarra acústica de “Fade to black” aún me sigue dando escalofríos al escucharla, y así como descubría poco a poco la historia del Thrash, llego a mi un disco que en el 2005 me voló la cabeza justo como Sepultura lo había hecho tres años antes: “The Wretched Spawn” hecho por las infames mentes de Cannibal Corpse.
Había escuchado hablar del “Death Metal” como el hijo bastardo del Thrash, leía en revistas que sus características era un aumento en lo grave de sus guitarras, bateristas que jamás le quitaban el pie al acelerador y vocales que rayaban en lo inhumano, si bien, creía estar preparado para eso, en el momento en el que apreté play al en ese entonces último disco de los metaleros de buffalo, todo lo que creía conocer se fue a la chingada.
Si el post-rock es el sonido bello del Apocalipsis, el Death Metal es toda la blasfemia, dolor, furia y asco del fin de los tiempos, no es música para cualquiera, no, es música hecha para el lado oscuro de los humanos, ese lado que no nos es grato aceptar y que la mayoría en su rutinaria vida hace a un lado para solo tener una visión sesgada del mundo.
Y con haber experimentado el lado más visceral y crudo del Metal, (porque llamar a cualquier otra cosa “Metal” más allá del sonido hecho por los caníbales, es simplemente denigrar a este género, son el estándar y límite de lo que se hace en el Death) comencé un camino, de verdad había encontrado las herramientas necesarias para crear una identidad propia, una identidad que a esa edad, todo adolescente necesita encontrar, gracias a mi constante búsqueda, apreciación y deleite por el lado más salvaje del rock, he podido encontrar no solo un escape para mis problemas, sino una forma de enfrentarlos, en varios momentos de mi vida, he encontrado las ganas de seguir al pie del cañón no en los reconfortantes consejos de algún amigo sino en las letras orgullosas de canciones de Metal.
Habiendo establecido el cómo y el por qué en mi vida sobre el Metal, solo quisiera hacer unas puntuaciones finales, sobre lo que creo que es. Este género nació como algo oscuro, altamente denso, crudo, y brutal, si, lo brutal no son riffs a ochenta millas por hora, ni baterías ultra atascadas y voces que parecen más los chillidos de un cerdo que algo que pueda generar un humano catatónico, lo brutal es tanto “Iron Man” con sus riffs pesados que aplastan todo dejo de esperanza en tu alma, pasando por la violencia sin miramientos de Mayhem en sus primeros demos, hasta llegar a las obras de Morbid Angel y sus escupitajos llenos de blasfemia y cultos a innombrables.
Si lector, esto es el Metal, música cruda, violenta, cuyo único fin es el de tomarte y destrozar tu cerebro lentamente, infectando tu alma hasta sentirla pesada y sobrevalorada, es por eso que reniego todo tipo de intento de hacer “bonito” a este género, no hay cabida dentro del Metal a propuestas blandas y carentes de actitud, cuando se precia más a las melodías “folklóricas” sobre la esencia pesada se esta desviando el camino, cuando se intenta vender una propuesta limitada y chistosa como el caso de tooooodas esas bandas del denominado “gothic metal” (¿quién chingados invento esa pendeja etiqueta? La imaginativa gótica no se ve representada en ningún aspecto músical, y el verdadero rock gótico no influyo de ninguna manera en esos abortos de bandas). Y mientras menos hablemos de lo pusilánime que es el “power metal” mucho mejor, aquí no hay lugar para hablar de dragones, princesas y en tiempos más recientes: piratas, no, el lugar para esas ideas se puede explotar a la perfección en otros géneros que van de acuerdo a esa temática, el lugar del Metal es inexorable en los rincones más distorsionados y psicóticos del ser humano.
¿Es esto una maldición, condenarse a la repetición? Ja, ese es un argumento que muchos esgrimen contra este engendro maldito, pero yo pregunto ¿en qué momento los rincones más traicioneros y oscuros del ser humano han sido estudiados hasta no poder exprimir más de ellos? ¿En qué instante nuestro lado violento nos ha abandonado? Algo tengo muy seguro, el Metal tiene todas las armas para seguir nutriéndose y evolucionar sin perder su esencia mientras nosotros sigamos siendo la misma basura de raza que nos ha caracterizado, por lo tanto es un alivio, el Metal tiene una infinidad de años para seguir existiendo.
Agresión, fuerza, salvajez, brutalidad, violencia, furia, ira, todos son adjetivos para describir a nuestro bien amado género, y saco la pregunta al aire, tu estimado lector ¿estas dispuesto a rendir tu alma a los dioses del rock ‘n’ roll?